De la poética asesina

Malvaviscos de algodón dentro de una esfera de chocolate… ¿Quién osó en un arranque de euforia, enaltecer esos garabatos impresos dentro de líneas en celo de reconocimiento, cuál de los dedos, fue el que plasmó la inquietud que más allá del espíritu quiso ir?

La realidad de los poetas, es distinta a la del mundo circundante; se mofa de cada pelo de objetividad en cada una de nuestras debilidades, de el espacio que formamos sin darnos cuenta. Una vez que caemos derrotados ante los designios de un primer amor que nunca supimos como nombrar para nuestra desgracia, ante la barbarie compulsiva de estos “entes”, nombran y renombran aquello que nos pertenece más que cualquier cosa: aquello por lo que lloramos como nadie. Esa misma razón me incita a decir  ¿por qué nadie les contradice y sumerge dentro de una esfera de chocolate, donde no quede opción alguna que la de comer su propio y repleto caos, dándonos pie a encontrar nuestra propia esencia, permitiendo volvernos malvaviscos de nuestro propio algodón?

Si bien es cierto que solapan nuestras conjeturas más rebuscadas, creando un entorno que nos place visitar cada vez que deambulamos por los senderos de la auto-compasión, obstruye la realidad intrínseca de nuestro verdadero yo; nadie sufre como nosotros, nadie llora como nosotros, nadie ríe como nosotros, es imposible hallar pieza alguna que concuerde con el rompecabezas que tenemos por vida y la aceptemos; es más, que sintamos que es una completa representación de nuestras lágrimas, no debe constituir ninguna conjetura para abandonarnos a la auto-representación en ese apartado de líneas caprichosas. ¿La solución, la respuesta? Que alguien les encierre dentro de su caja de chocolate.

La receta idónea para crear malvaviscos de chocolate, lleva impregnado el sello personal de cada sentimiento que vivimos, la gracia con la que se renueva es infinita-mente superior a todas las baratijas que fácilmente nos embaucan aquellos que viven a nuestras expensas. Si queremos guardar un lugar para nosotros mismos, un lugar sacro,  no caigamos en la mediocre debilidad de aceptar sin menoscabo los despojos de las lágrimas de alguien más, mejor aún, identifiquémonos en un saludo con el rostro, en una mueca con los labios, en una patada en el trasero, pero jamás, en una “poesía de a 2×10″. Entremos en el mundo de la auto-conciencia y deambulemos por nuestros prados y laderas, comiendo, de nuestros bombones favoritos.

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.